Pero aquí va lo importante (léelo dos veces si hace falta):
No entrena y no resuelve problemas emocionales.
Un perro no deja de tener miedo, ansiedad o malos hábitos solo porque fue esterilizado. Eso se trabaja con educación, acompañamiento y coherencia.
Esterilizar también es educar… cuando se hace bien
Cuando la esterilización se decide con cabeza y no por presión social, puede ser una herramienta que suma.
Suma cuando:
- Hay una evaluación veterinaria clara
- Se tiene en cuenta el estado emocional del perro
- Se acompaña de un proceso educativo real
Pero ojo… Esterilizar no reemplaza:
- La socialización
- El entrenamiento
- El trabajo emocional
- El vínculo con el tutor
Esterilizar sin educar es como cambiarle las llantas al carro esperando que aprenda a manejar solo.
Cuando la esterilización puede jugar en contra
Este punto casi nadie lo dice, pero es clave.
En perros:
- Inseguros
- Muy miedosos
- Con agresividad basada en miedo
- Con baja tolerancia al estrés
La esterilización puede empeorar ciertos comportamientos si no se evalúa bien el caso. Las hormonas no son “malas”; también cumplen funciones en la regulación emocional.
Por eso, esterilizar “para ver si se calma” puede ser una mala idea.